En los últimos meses, el lanzamiento de la web quiero abortar, respaldada por los Ministerios de Sanidad e Igualdad, se ha presentado como un avance en la «libertad» y la «información» para las mujeres en España. Sin embargo, detrás de su diseño neutral y sus mapas interactivos, se esconde una realidad preocupante: una plataforma que, lejos de informar a la mujer, actúa como un catálogo de servicios para matar al bebé que llevas en el vientre, omitiendo sistemáticamente las alternativas y las consecuencias de esta decisión.

El silencio sobre la vida que late

Lo primero que llama la atención al navegar por la web es la ausencia total del otro protagonista: el bebé. En la web, el embarazo se reduce a un «estado» que debe ser «interrumpido» mediante métodos «farmacológicos» o «instrumentales». No hay una sola mención al desarrollo de una vida, ni imágenes que muestren que a las pocas semanas ya existe un corazón que late, un ADN único y un ser humano en formación.

La verdadera información debería incluir el derecho de la madre a saber qué está pasando dentro de su cuerpo. Ocultar la vida de su hijo no es empoderar a la mujer, es hurtarle la verdad para facilitar la muerte del niño.

¿Dónde están las alternativas?

Una web que se precie de ser una «guía de recursos» debería ofrecer un abanico completo de opciones para una mujer que se enfrenta a un embarazo inesperado o difícil. Sin embargo, en esta plataforma no hay rastro de redes de apoyo a la maternidad, ni información sobre ayudas económicas, ni opciones de adopción o acogimiento.

La web parece diseñada bajo la premisa de que el aborto es la única salida viable. Al no presentar asociaciones como Provida o programas de ayuda a la mujer embarazada, el Estado está empujando a las mujeres hacia una decisión unidireccional, ignorando que muchas veces el deseo de abortar nace de la desesperación económica o la falta de red social, no de una voluntad real de acabar con la vida de su hijo.

Minimizando el impacto en la mujer

Otro punto crítico es la forma en que se abordan los riesgos. La web califica como «mitos» o «tabúes del heteropatriarcado» cualquier mención a las secuelas psicológicas o físicas del aborto. Esta simplificación es un insulto a las miles de mujeres que sufren en silencio el trauma post-aborto. Negar la posibilidad de arrepentimiento o de dolor emocional no ayuda a la mujer; la deja sola y desprotegida cuando esas emociones afloran meses o años después.

La deshumanización disfrazada de burocracia

La web quiero abortar ayuda a facilitar direcciones de abortorios, explica cómo sortear la objeción de conciencia de los médicos y detalla la gratuidad del proceso. Es, en esencia, la institucionalización de la cultura del descarte. Se nos vende como un servicio público, pero un servicio que acaba con la vida de los futuros ciudadanos y que deja una herida en la madre, no puede ser considerado un progreso.

Elegir la vida es la verdadera libertad

Frente a una web que ofrece matar a tu hijo, la sociedad civil debe responder con información veraz y acompañamiento humano. La verdadera libertad no es la que se ejerce en la oscuridad de una clínica de muerte, sino la que nace del conocimiento de que existen alternativas y de que ninguna mujer debería sentirse obligada a abortar por falta de recursos.

En vez de pensar en abortar, recuerda que en Provida estamos dispuestos a escucharte, a apoyarte económicamente y a recordarte que, dentro de ti, hay una vida que merece la oportunidad de ver la luz. El aborto nunca es la solución, la vida sí lo es.